Un año más despierto acalorado, envuelto en el frÃo de esta noche invernal. Observo el Puente Romano que treinta y tres años me ha visto correr. Otro año nuevo se acerca, testigo de mi fervor por recorrer Salamanca; San Silvestre Salmantina ya está preparada para comenzar.
No hay obstáculo que se me resistiera para casi alcanzar la meta. Esta vez, no quiero que sea diferente; tú, mi niña, vas a lograr resistir, bajo la constancia que te caracteriza. Tú, Vega de mis entrañas, alzarás bien la cabeza, mientras mi lucha persiste por volver a recuperar los pasos que un dÃa aparqué en el asfalto. Porque eres ejemplo de ilusión, compañerismo, entrega y autocontrol, pero sobre todo, fiel reflejo mÃo para llegar tan lejos como mi emoción, cuando tengo la certeza de que la superación va ligada a la fuerza fÃsica e interna, que tarde que temprano nos serán recompensadas.