Corrió como nunca soñó. Se enfundó un traje que a menudo ideó. Miró de perfil, como en los últimos tres años hacÃa. Sus manos estaban más cerradas que otros dÃas. Pero siguió en su empeño. Sus zapatillas, de marca, le apretaban como en sus últimos años. Estaba todo preparado para que su padre comenzara a empujar la silla en la que estaba postrado desde hacÃa tres años. Luis habÃa logrado, con escasas palabras, convencer a su madre de que lo vistiera para la carrera que hizo de chico. Ahora, a sus 35 años, volverÃa a recorrer la ciudad que tanto paseó, que tanto corrió. Su padre comenzó a andar y empujó su silla. Luis sonrió como hacÃa tres años que no lograba. Poco a poco avanzaron. Poco a poco llegaron al final. Y de los ojos de Luis brotaron lágrimas de alegrÃa. Volvió a reÃr, tres años después.