Como una bala, como un rayo de luz, MarÃa llegó a la meta. Se le notaba agotada, extenuada, consumida. Pero todas esas sensaciones parecieron eliminarse de su rostro cuando se dio cuenta de que habÃa sido la ganadora de la carrera. Una lágrima comenzó a caer por sus mejillas, que parecÃan esbozar una tÃmida sonrisa. Empleó sus últimas fuerzas para acercarse al lugar donde estaban sus padres y, entre sonrisas y lágrimas, se abrazaron. Se acercaron las cámaras, los periódicos y las radios pero lo primero era el pódium. MarÃa debÃa subirse al lugar más alto del pódium y celebrar su triunfo. Aprovechó ese momento, su momento, se bajó los pantalones y dejó ver su pierna ortopédica. El público enmudeció, cesaron las lágrimas de MarÃa y su sonrisa se convirtió en el máximo representante de su rostro.