Medio centenar de recién nacidos esperan pacientemente en la línea de salida. Los más atrevidos gatean y avanzan dando sus primeros pasos. Unos metros más adelante niños y niñas gritan, saltan y ríen mientras corren. Persiguen a un grupo de jóvenes, que se miran unos a otros con curiosidad mal disimulada, que exhiben sonrisas y galanterías y promesas de felicidad eterna. Más allá los adultos, que no dudan en volver la cabeza para ver la distancia ya insalvable que los separa, marcan un paso cómodo pero al límite de su resistencia. No como los mayores, hombres y mujeres que aceptan con calma arrugas y achaques, que ya ven cerca la línea de meta y aflojan el ritmo, detienen sus pasos y, educados, se dicen unos a otros: tú primero, por favor, tú primero.