27 DE DICIEMBRE DE 2026

Aquel día no corrí contra nadie.
Corrí contra mí.
El asfalto olía a lluvia y a miedo,
las piernas pesaban más que los años,
y el corazón marcaba un ritmo
que ya no obedecía a la razón.
En la acera, mi hijo me esperaba con un cartel torcido:
“Papá, no pares”.
Lo vi y entendí que no se trataba de llegar el primero,
sino de no rendirse nunca.
Porque cada paso que damos,
aunque duela,
enseña a alguien más a seguir.
Crucé la meta con lágrimas y fuego.
No gané la carrera,
pero gané mi promesa:
la de ser ejemplo, incluso cuando tiemblas.