27 DE DICIEMBRE DE 2026

Deportivas limpias, pantalón doblado y el dorsal sobre la camiseta, ligeramente perfumada. Quince años participando, preparándola con mimo durante meses, doce en realidad. Entrenando por caminos y parques. Al acercarse diciembre retiraba grasas y azúcares de su dieta, iba a la peluquería y se cortaba el pelo ya encanecido. La noche anterior no dormía. Llegaba temprano. Saludos, ánimos, anécdotas. Saludos, nervios, más saludos… Calentaba, se situaba nervioso en las filas delanteras y comenzaba con su ritmo lento, constante. Le adelantaban… le adelantaban… le adelantaban… Entonces aparecía, le miraba y sonreía, como si el cansancio no fuese con ella. Hechizado, devolvía la sonrisa y realizaban la carrera juntos, sin hablar, acompasando su corazón, mirándose a los ojos, sonriendo durante casi diez mil metros, hasta que la línea de meta los despertaba. Los felicitaban por separado, y la luz de sus ojos se apagaba lentamente hasta la próxima San Silvestre Salmantina.