27 DE DICIEMBRE DE 2026

Tan sólo cien metros hasta el final. Una distancia de no más de quince segundos pero que para él, un huérfano refugiado en la calígine de las drogas, significaba decidir como antaño hizo. Rendirse o no. Seguir luchando o claudicar ante los incipientes pero fugaces deseos del cuerpo y la mente. No podía perder otra vez. Debía aguantar, seguir corriendo y acostumbrar a su cuerpo a su nuevo y sano estilo de vida. Correr se había convertido en una desintoxicación total de cualquier problema; un impase en el momento que él eligiera con el fin de respirar aire puro. De no pensar. De superarse. De derribar ficha a ficha todo un dominó de tentaciones y malos caminos que, si lograba esquivar, lo llevarían a una realización completa y al tan esperado reencuentro con su yo interior. Algo que le llevaría a fortalecer hasta límites inimaginables su fracturado espíritu.