La San Silvestre de Salamanca es el acontecimiento que mejor me define y que ha aglutinado las experiencias más entrañables de mi vida. De hecho, soy feliz entre las piedras doradas de la ciudad que me vio crecer, rodeado por amigos y de una familia a la que logré inculcar la afición por esta carrera que hermana los valores humanos y fÃsicos del deporte con los propios de la época navideña. Precisamente, estando a punto de la salida, me invade una intensa emoción, acrecentada por el entrañable gesto que mis hijas y nietas muestran al levantar sus caras al cielo. Desconocen que el tiempo y el espacio ya no importan. Tan solo mi esposa siente que vuelvo a estar cerca de ellas. Cruzamos las miradas y desde la acera me dedica una cariñosa sonrisa que yo correspondo lanzándole un beso que permanecerá en la eternidad.