Si hay algo que le sobra a los ultramaratonistas es tiempo. En 160 kilómetros a recorrer hay tiempo de sobra para pensar. El atleta no quiere desconcentrarse, pero es inevitable que la mente divague cuando el tiempo desborda por todo el cuerpo.
Refutando la aporÃa de Zenón y su flecha eternamente inmóvil, el ultramaratonista demuestra el movimiento sencillamente echándose a andar. Esto con respecto al espacio. ¿Pero cómo vencer al tiempo? Cierto atleta de las distancias desmesuradas ideó un método que distraÃa a la mente mientras los músculos hacÃan su trabajo: se propuso recordar un año de su vida por cada diez kilómetros recorridos.
Imaginaba pasajes de su infancia ocurriendo a los bordes de la carretera. Pobló su soledad con fantasmas queridos que acudÃan desde el pasado para consolarlo en su travesÃa. Con la mente vacÃa, como un buda sudoroso, el ultramaratonista se transformaba en una máquina de correr.