27 DE DICIEMBRE DE 2026

Con un ritmo desgarbado pero continuo recorrió los primeros trescientos metros. Los siguientes doscientos metros, la respiración comenzó a comerle el pecho y las flacas piernas a pesarles como mancuernas. Los ciento cincuenta metros que vinieron le trajeron dolor de pantorrillas, rigidez de muslos y transpiración seca.
Martina con tan sólo ocho años ama correr, lo lleva en la sangre desde que vio por primera vez correr a su padre. Que le ha enseñado que cada atleta tiene su propia meta. Que no importa ganar, sino superarse. Que la victoria llegará de la mano del esfuerzo y la constancia. Pero que sobretodo, lo más importante es ser buen atleta.
Quizás es por eso que en los últimos metros, tomó de la mano a Guillermina que estaba exhausta al costado del camino y la ayudó a cruzar la línea en el Paseo de San Antonio.