La luz del sol se divide en las almenas. Sus planos cenitales se ordenan al compás de secretas enumeraciones, formando contraluces que se abrazan a las paredes de las catedrales como lÃquenes resecos tratando de sobrevivir en la metamorfosis callada de la luz sobre las vetas de oro de la piedra. El rÃo Tormes se desplaza como una lengua de plata siguiendo el sol hacia Poniente, cruza en silencio bajo los arcos del Puente Romano y los pájaros sobrevuelan la ciudad como estrellas fugaces. El silencio que reina en las calles de la ciudad sigue de cerca nuestros pasos, escucha cómo jadeamos y sudamos corriendo sobre el pavimento. La San Silvestre Salmantina es como la vida, un desafÃo solidario, una carrera hacia la eternidad.