El año pasado, Manserde metió su coche en la fuente de la Puerta de Zamora. Y su novia le recomendó hacer deporte para no relanzar el asunto.
-¡Comencemos!- dijo Carla tras haber estirado.
Pronto, Manserde recibió silbidos y algunas risas afianzadas. Las personas no olvidaban su incisivo despiste.
Ambos siguieron entrenando, con la vista puesta en la San Silvestre Salmantina.
El dÃa previo a la carrera, Carla no pudo recuperarse de su torcedura de tobillo.
Manserde habÃa mejorado, y estaba preparado para hacer menos de sesenta minutos en diez kilómetros.
Ya se encontraba en la carrera. Se quitó la máscara que llevaba encima. Su rostro volvÃa a quedar descubierto.
Empezó a remontar desde la Avenidad de Mirat, y cumplió oportunamente su objetivo.
Le regaló su dorsal a Carla, tras finalizar. Las personas miraban a Manserde, pero éste seguÃa visualizando su fungible carrera. Sintió correr por la ciudad de Salamanca.