De tal magnitud parecióme lo que en sueños presencié, el último dÃa del año de Nuestro Señor, que me demoré en ponerlo en conocimiento de Vuestra Merced por temor a que pensase que hechizado hallábame.
Sabe que mozo he sido de muchos amos en la carrera de vivir y que el hambre me hizo correr para huir de mil entuertos. Pero por una vez púsome la fortuna en «otra Salamanca» con cientos de forasteros, y digo forasteros no por su castellano —que aunque distinto no tenÃa dificultad de entender— sino por sus ropajes y su hacer. Me falta el resuello al recordarlos que por decoro no me atrevo a relatar.
Si acaso no fuere suficiente tamaña visión, la multitud comenzó a correr, pero no huyendo, no, pues a fe mÃa que júbilo mostraban y orgullosos se sentÃan. Asombrado mi nombre escuché: «Muy logrado el disfraz, pero Lazarillo ¡ponte el dorsal!».