-Uno, dos, tres, cuatro… hasta veinte pasos conseguí dar aquella mañana. Nunca había pensado la importancia de moverme con libertad, la grandeza de saltar o dar una zancada, la belleza de correr sin destino. Nunca antes había tenido miedo a no poder hacerlo. Pero el miedo no servía, simplemente era imposible plantearme tal locura.
Todas las mañanas intentaba aumentar los pasos, uno, dos, tres… Mañana tras mañana, me levantaba despacio, con cuidado, sintiendo el dolor que me producía el movimiento. El tiempo pasaba, los pasos fueron perdiendo su número, el ritmo perdió huía del tiempo, e incluso las zancadas perdieron miedo a distanciarse del suelo. Pero fue lo único que se perdió, aquel año acabó en victoria, fui uno de los seis mil que corrieron, saltaron… sufrieron y sudaron para cruzar esta meta.
-¡Vaya!
-Perdona ¿Me preguntabas que por que corría?