27 DE DICIEMBRE DE 2026

Su primer intento había sido un impulso. No lo había meditado, simplemente salto. Aquel día un corredor lo vio y no dudó en lanzarse a las gélidas aguas del Tormes a por él .
Unos meses después, se lo cruzó mientras corría por el paseo fluvial. Corría sin control para olvidarse de su asco de vida y centrarse en respirar. Cuando paró para recuperar el resuello, Miguel lo alcanzó.
Le ofreció entrenar dos veces por semana con él. Fue un maravilloso comienzo. Empezó a entender su cuerpo; por fin tenía una meta clara cuando se levantaba de la cama. Quería correr una de las grandes con Miguel, solo quería terminar la San Silvestre.
Los imperdibles le temblaban en las manos, lo había logrado, había terminado. Aquel primer intento se quedó en eso, en el único intento. Miguel lo sacó del río y el atletismo le devolvió la vida.