Su primer intento habÃa sido un impulso. No lo habÃa meditado, simplemente salto. Aquel dÃa un corredor lo vio y no dudó en lanzarse a las gélidas aguas del Tormes a por él .
Unos meses después, se lo cruzó mientras corrÃa por el paseo fluvial. CorrÃa sin control para olvidarse de su asco de vida y centrarse en respirar. Cuando paró para recuperar el resuello, Miguel lo alcanzó.
Le ofreció entrenar dos veces por semana con él. Fue un maravilloso comienzo. Empezó a entender su cuerpo; por fin tenÃa una meta clara cuando se levantaba de la cama. QuerÃa correr una de las grandes con Miguel, solo querÃa terminar la San Silvestre.
Los imperdibles le temblaban en las manos, lo habÃa logrado, habÃa terminado. Aquel primer intento se quedó en eso, en el único intento. Miguel lo sacó del rÃo y el atletismo le devolvió la vida.