Después de prepararse durante semanas, el año anterior había llegado tarde a la carrera. Un día, nada menos. Pero, cómo iba a imaginar él que una San Silvestre no se celebrara en Nochevieja. Doce meses soportando las burlas de sus compañeros del club de atletismo. Qué cruz. Esta vez no iba a cometer el mismo error, pensó. Lo tenía claro: sería el primero en llegar al recorrido, se presentaría en la línea de salida en el amanecer… del treinta de diciembre.