A ver, me levanto a las seis de la mañana y me pongo a cocinar y a planchar. Luego preparo la ropa, los desayunos. Llevo a los niños corriendo al colegio antes de que suene el timbre, salgo escopetada hacia el trabajo. Como del táper en tiempo récord, vuelvo a por los niños, les doy la merienda, los llevo a extraescolares a la carrera, voy a hacer la compra y derrapo con el carro al tomar los pasillos del súper. Regreso a por mis hijos, preparo la cena y los llevo a dormir. Antes de meterme en la cama, me pongo el cronómetro hasta el próximo pistoletazo de salida.
Así que no creo que me merezca este trofeo, la verdad. Lo llaman la San Silvestre Salmantina, pero para mí bien podría llamarse «un martes cualquiera». Tal vez si hubiera una categoría especial para nosotras, las madres, todavía.