27 DE DICIEMBRE DE 2026

Cada día observo un rosario de personas mirando hacia arriba, buscándome con rostros asombrados, perplejos, paseando una sarta de rutinas a la que llaman vida.
Pero hoy todos pasan de largo, acelerados, algunos a ritmo frenético. Una multitud multicolor hace vibrar los adoquines; sus pisadas huelen a conquista, a heroico sentir de gesta, a esfuerzo, ilusión, esperanza, familia… ¡Huele a Salamanca!
Tiene su aliciente no ser la protagonista alguna vez, poderme camuflar entre esa multitud que aplaude mientras se celebra una lucha pacífica, donde no se permiten más armas que el blandir de las piernas.
Varios siglos de existencia dan para mucho, pero estos últimos años, casi cuarenta, han sido diferentes. Mi corazón de piedra vuelve a latir cuando se celebra la San Silvestre. ¿Quién le iba a decir a una rana de piedra como yo que el calor humano podría provocar en mí semejante milagro?