27 DE DICIEMBRE DE 2026

Hacía tiempo que no me sorprendía de esta manera. Me vi rodeado de gente que era auténtica. Que iba disfrazada de lo más íntimo, de la extravagancia más humana. Contemplé, con la misma admiración que si estuviera en la Capilla Sixtina, que cada persona disfrazada de sí misma, de lo más auténtico que es, aceptaba en su diferencia al que tenía al lado, porque cada uno sacaba lo mejor de sí. Todos íbamos corriendo y aunque parezca paradójico hoy en día, íbamos hacia la misma meta. Y por si no fuera poco, ¡contentos por ir dirigidos hacia el mismo fin! Una vez llegada a la meta, cuando llegaba a casa volví a levantar la mirada y vi un mundo roto, donde la diferencia era un muro, no una riqueza. Y comprendí que a este mundo le hace falta más San Silvestres Salmantinas.