Al fin ha llegado el gran dÃa. Meses de entrenamiento y sacrificio, concentrados en una carrera, en un único esfuerzo final. Desde que dejo atrás la salida en el Paseo de San Antonio siento cómo el corazón bombea la sangre por todo mi cuerpo, de forma rÃtmica, acompasado con mi marcha y mi pensamiento, concentrado en un solo objetivo: darlo todo, mejorar mi tiempo, superarme a mà mismo. Con esa esperanza le voy ganando terreno al dolor, a ese vacÃo que amenaza con apoderarse de mà y, como un agujero negro, engullirlo todo. Y cuando creo que voy a desfallecer, me llegan los vÃtores de la afición, una última inyección de energÃa que me impulsa hacia la meta, hacia ese destino donde los sueños dejan de serlo para convertirse en una realidad, en una marca que le pone nombre a todo un año de ilusión: ¡lo he conseguido!