Se agacha apoyándose sobre las rodillas, la última cuesta le ha destrozado y todavÃa quedan tres más. Con el sudor manchándole la camiseta, cayendo sobre los ojos y dejando un sabor salado en la boca, busca reanudar el paso. Tiene que seguir. Si no se esfuerza y pelea, si no es capaz de ir un paso más allá, no podrá conseguirlo. Muchos de los que van a estar allà son gacelas, gente con una velocidad que él no puede ni soñar. Pero llegar a ese nivel no es el objetivo; ya ha situado su propia meta, y para alcanzarla debe seguir entrenando. Las cuestas no son para tanto… Vamos, adelante, aunque a los cinco minutos te den ganas de dejarlo, aunque te duela todo el cuerpo, ya has conseguido terminar una carrera. El siguiente paso es… no llegar el último.