El reloj marcaba las 7:00, pero Adrián no podÃa alargar su sueño, por sus venas corrÃa adrenalina, esperaba que su padre despertase. Hace cinco meses le habÃa prometido correr esos 10km por las calles de Salamanca.
Adrián siempre iba un paso por delante de su padre, giraba y lo veÃa sudar, sufrir, pero una sonrisa adornaba el rostro de ambos.
La meta asomó al final de la larga cuesta, AdrÃan, que iba un paso por delante de su padre, pudo verla antes, avisando a su padre con gritos.
Esto animó a su padre, Adrián sintió un empuje extra a la silla que lo habÃa transportado por las calles de Salamanca.
Una bonita medalla adornaban las lagrimas que corrÃan las caras de padre e hijo. Adrián desde su posición, desde esa silla que era parte de su cuerpo, recorrió su sueño, recorrió 10 km un paso por delante de su padre.