Soy reo de tu prisión señor Director y admito que debo la vida a mis piernas… Ellas me apartaron de las balas cuando un mundo en caliente quiso hacer justicia. TraÃdo,»AQUI ENTRA EL PECADOR Y SALE EL HOMBRE BUENO»,las nutro y arrullo para el momento oportuno…
…SÃ, las piernas para un convicto son sagradas porque apetecen la libertad y más si el encierro ha sido injusto…
SÃ, es ahà cuando el desgraciado pierde su fe en la justicia y añora un descuido del penal para correr y salvar las alambradas que lo amansan…
…El correr lo inventó Dios para ahuyentar al hombre de las amenazas, los atropellos, los terremotos, la muerte inminente… Es el cansancio noble que traspasa sin sangre lo dogmático, las barricadas y con el cual me estoy liberando de esta pena sempiterna; cosa que cuando despiertes, sea un pecador menos para contar mañana, señor Director.