Aproveché el extra de unos dÃas de descanso para ir a correr por una montaña de brisa pura y bandadas de aves. Necesité regresar urgentemente. En esos dÃas mi entrenador se habÃa vuelto loco. Imprescindible en mi rendimiento, me marcaba tiempos, dietas, y todo tipo de estiramientos; atendÃa mi lesión crónica en el soleo como ningún fisio, las fechas de las carreras, y siempre al tanto de cualquier cambio. El mejor diseñando velocidad en salidas, investigando cualquier novedad del terreno.
Me costó caro el descanso. Mientras tanto orientó a algunos amigos corredores que corrÃan por primera vez la San Silvestre Salmantina. Les regaló directrices para destacar desde la alfombrilla de salida hasta la meta. Fui yo el que se marchó a la montaña, lo sé, el que no le avisó del estrés de trabajar con primerizos, el que lo consideraba el coach ideal; y el que lo ha desconectado.