27 DE DICIEMBRE DE 2026

Me encaminé hacia el señor Ramírez. Con sus ya noventa años, yacía en primera fila de la San Silvestre Salmantina, animando a los participantes. Llevaba más de media hora de pies. Le tendí el bastón que había dejado olvidado en el Toscano al desayunar aquella mañana. Lo rechazó. -Hijo, déjame disfrutar de esta carrera como lo hacía cuando era un jovencito, no me recuerdes ahora mi vejez y mis problemas para caminar-Me reprendió. Le observé, sorprendido. -¿Usted veía esta carrera de joven?-Pregunté, curioso. -Hijo, yo no la veía, la corría. Uno de los placeres más grandes de esta vida. Fue un honor participar en esta carrera-.
Jamás habría sido capaz de adivinar que él concursó en esta carrera. Tan frágil y mayor que se veía. Se dirigió hacia mí una vez más. -Inscríbete al año que viene. Una experiencia así no puedes dejarla pasar. Corre ahora, que puedes-.