Como el agua que avanza por los cauces de un rÃo, o mejor, como la sangre oxigenada fluyendo por las arterias del cuerpo, asà renacen en las calles de la ciudad los corredores de la competición. Estampida de anhelos, intereses, promesas… avalancha de gente con particulares metas. Los acompasados contrastes de las piernas en movimiento y el vaivén de camisetas de llamativos colores, parecen fundirse desde la proximidad en una argamasa común de ruido y sudor. Poco a poco aflora el cansancio como inseparable complemento del sano ejercicio, motivo que convierte en reto cada próximo paso y ensancha la risa ante los lÃmites trascendidos. Hay vida en el aire. El suelo despierta, retumba y avisa a la concurrencia de la inminente llegada de aquella avalancha, aquella estampida, aquella agua de rÃo, aquella sangre oxigenada, aquella tradición que hoy anda.