27 DE DICIEMBRE DE 2026

Llevaba meses preparándome para esa carrera. Ser cinco años consecutivos la ganadora de la San Silvestre Salamantina no era trabajo fácil para una persona tan autoexigente como yo. Sin embargo, la vida te puede cambiar de un momento a otro. Un coche descontrolado invadiendo bruscamente mi ángulo visual acabó con mi capacidad para andar de manera autónoma para siempre.
Aquel 29 de diciembre fue mi marido quien, empujando la silla de ruedas, me condujo por todas esas calles que años atrás había recorrido sola: corredores profesionales, amigos charlando mientras andaban a paso ligero, padres transportando a sus hijos en cochecitos, grupos de niños jugando tranquilamente y calles perfectamente adornadas de ese espíritu navideño que me transportaban a mi idílica niñez. Fue en ese momento en el que me di cuenta qué: lo importante no era llegar a la meta el primero sino disfrutar del camino recorrido.