Va siempre al galope, como si le faltase el tiempo, más que el aire. Corre hacia atrás como si temiese darse de bruces con el futuro, y solo hallase seguridad en los pasos ya recorridos. Durante su marcha no extiende mano alguna, porque no es partidaria de carreras de relevos, y mucho menos de deportividades sentimentaloides. Piensa que la juventud es un estertor que le será arrebatado cuando menos se lo espere, y por eso ha de seguir trotando, para que no la pillen desprevenida; para que no le roben los dÃas consumidos.
Espero que un dÃa se dé cuenta de que no puede ganar la carrera.