Pistoletazo de salida: soy el bebé con el que juegas en la cuna. Arriba en la tabla.
Primeros quinientos metros: soy el niño al que consuelas. Me rezago.
Piso los adoquines: soy el joven al que ayudas a abrirse camino. Muy fuerte, adelanto puestos.
Sobre el puente: soy el adulto al que le toca cuidarte. Mitad de la tabla.
Veo la meta: no sé lo que soy, solo que debo mimarte en tu vejez. Últimos puestos.
Nos sacan ventajas. Espero a unos ancianos que, ejemplo de esfuerzo, luchan por continuar. Me quedo con ellos. Soy su “liebreâ€, su muleta, su energÃa.
Llegamos los últimos y nos abrazamos. Somos unos campeones, algunos incluso lloran. Yo miro al cielo sin soltarlos:
-Papá, ellos son tú. Debo devolverte lo que en vida no supe ver.