Le conocí en una prueba atlética de San Silvestre Salmantina. Era imposible que las miradas no se dirigieran hacia él. Yo estaba a su lado antes que partiera la carrera y sentía como si esas miradas también me incluyesen a mí. Pero yo era como todos, uno más intentando sentirse vivo a través de su cuerpo. Pero él no tenía piernas. Sin embargo, en su silla de ruedas, le veía más concentrado que cualquiera de nosotros.
-Disculpa- le dije- ¿Hace cuánto corres?
-Precisamente comencé después de mi accidente. Harán unos cuatro años.
Me quedé en silencio. Luego dije:
-¿Y nunca has tenido problemas al correr?
El rio.
-Todo está aquí- dijo apuntando un dedo en su cabeza.
Luego, la carrera comenzó.