27 DE DICIEMBRE DE 2026

Recuerdo como si fuera hoy el día en que me comunicaron que no podía seguir haciendo ballet debido a mis juanetes, una pequeña herencia genética que tengo en mis pies. En la sociedad que crecí las chicas jugaban a las muñecas y hacían ballet mientras que los chicos jugaban con coches y al fútbol.
Como el destino siempre es caprichoso, fue trasladada a mi colegio una nueva profesora de educación física, una gran deportista amante del atletismo.
Con la absoluta certeza de que todo ser humano tiene en su interior algo que le diferencia de los demás, bastó un pequeño empujón para que esa chispa se encendiera. Un día llore por tener los pies feos y hoy doy gracias a esos pies, que pueden no ser los más bellos del mundo, pero para mi son las alas que me permiten volar y ser la gran campeona que soy.