Nos reunió la carrera San Silvestre. Una tradición nos convocó para que, bajo un mismo cielo, tú y yo nos encontrásemos.
Tú, gacela indómita, ligera de pies, no sabÃa yo qué tantos kilómetros habÃas recorrido en tu vida. Aficionada eterna del atletismo. Yo solo fui para pasar el mal sabor de los dÃas agónicos que se acumularon. Fue Román quien me dijo “ve a correr, distráete un ratoâ€. Y asà me dejé llevar por las calles salamantinas.
Tú, en el Recorrido D, veterana femenina A; yo en el mismo Recorrido, veterano masculino B. Nos unió una meta, el Paseo San Antonio. Allà te vi por primera vez y en un instante curaste mi alma cansada de tanto correr por las veredas de la vida.
¿Quién iba a pensar que la San Silvestre Salamantina serÃa el escenario para reencontrar el amor?
Han pasado tres años, aquà vamos de nuevo a correr.