27 DE DICIEMBRE DE 2026

Ella no lo sabe, pero voy encaramada a sus cordones. Me subí a su zapato en busca de unas migas de pan y he terminado rodeada de un centenar de humanos con prisa. Corren hacia un lugar que llaman «Meta». Respiran con dificultad y ritmo, y por sus enormes cuerpos caen gotas de sudor que se enfrían con el airecillo de noviembre. Cada pisada sobre el asfalto me agita las antenas. Pero a lo lejos se escuchan aplausos y risas. Creo que estamos llegando a nuestro destino. Al fin podré bajarme de este zapato… Pero algo habrá cambiado: cuando crucemos la línea me habré convertido en corredor.