27 DE DICIEMBRE DE 2026

Doce meses esperando encontrarme con ella. Cruzando los dedos para que al menos pudiéramos acudir a nuestra cita anual. Lo sé. Soy un egoísta y un ingenuo. Sé que hay razones mucho más importantes para que esto se solucione que estar con ella mientras recorremos el Paseo de San Antonio, con sus mejillas sonrosadas y esas gotitas de sudor que perlan su frente mientras el vaho sale de sus labios mientras me habla. El maldito coronavirus nos ha quitado tantas cosas: la alegría de un verano compartido en las fiestas del pueblo, la visita a nuestros mayores, la ingenuidad de pensar que somos inmortales, la alegría de un futuro que no compartiremos con las personas que se han ido tan de repente. Y mientras, yo, he podido mantener el equilibrio en este año miserable gracias a la ilusión de compartir con ella, como cada año, la San Silvestre Salmantina.