¿Cuánto hacÃa que no corrÃa? Se veÃa a sà mismo por la Plaza Mayor, atravesando el Puente Romano sobre el Tormes, cruzando la meta y recibiendo los aplausos, pero en tercera persona, desde el exterior. ParecÃa un sueño. Tal vez lo fuera.
Aún no sabÃa cómo le habÃan convencido. Cuando has sido el mejor en algo ya solo puedes empeorarlo, perder tu reputación, certificar tu decadencia. En suma, pasar vergüenza. Por no hablar de su lastimosa forma fÃsica: años de excesos e inactividad moldeando implacablemente su cuerpo.
Los mismos compañeros con los que entrenaba hace dos décadas eran los que habÃan obrado el milagro. ConocÃan su lucha contra la depresión y el aislamiento. «No estás solo», le repetÃan mientras entrenaban. Era cierto. Verse rodeado de gente, amigos y conocidos, despertaba una sensación agradable, cálida, largamente olvidada.
Finalmente no participó en la prueba. No importaba: habÃa dado el primer paso.