27 DE DICIEMBRE DE 2026

Cuando noté que el suelo frío contra mi cuerpo intenté contener las lágrimas. Me había hecho daño en las rodillas, ¿por qué tenía que caerme justo entonces, cuando no faltaban más que unos pocos metros?

Aquella noche los nervios no me habían dejado dormir demasiado. Soñaba con cruzar la meta con mi flamante dorsal once que, además de mi edad, era mi número favorito. Y ahora todo se acababa allí, en el suelo…

De pronto alguien se paró a mi lado y una voz desconocida me habló desde arriba “vamos, enano, que hay que terminar la carrera”. Me tendió una mano y me levanté a duras penas, algo dolorido. Cruzamos juntos la meta todo lo rápido que me permitieron mis piernas magulladas. No ganamos ningún trofeo, pero nos llevamos algo más importante.