Los demonios de la depresión se comÃan mi mente. Me vi envuelto en un peso que no me hacÃa verme feliz. Perdà la fe. ¡Hagamos un reto!, dijeron mis amigos. Prepárate para la San Silvestre Salmantina. No tengo fuerzas, decÃa mi debilitada autoestima. ¡Tú puedes!, decÃan los que nunca me abandonaron. Tras luchas encarnizadas contra mi cerebro, conseguà saldar el reto. No importa si primero o último. Ahà estuve y nunca olvidaré a esa joven chica de las inscripciones que me dijo, ¡Suerte, todo irá genial!. Corrillo de mis amigos aplaudiéndome con sus rostros llenos de rabia y semi lágrimas ante lo que habÃan vivido después de tantos esfuerzos por mi bienestar. Hoy, por suerte, eso es una anécdota de mi pasado. Una anécdota que me enseñó de que siempre hay un punto de partida para resolver los problemas y el mÃo fue Salamanca y su particular San Silvestre.