27 DE DICIEMBRE DE 2026

Los demonios de la depresión se comían mi mente. Me vi envuelto en un peso que no me hacía verme feliz. Perdí la fe. ¡Hagamos un reto!, dijeron mis amigos. Prepárate para la San Silvestre Salmantina. No tengo fuerzas, decía mi debilitada autoestima. ¡Tú puedes!, decían los que nunca me abandonaron. Tras luchas encarnizadas contra mi cerebro, conseguí saldar el reto. No importa si primero o último. Ahí estuve y nunca olvidaré a esa joven chica de las inscripciones que me dijo, ¡Suerte, todo irá genial!. Corrillo de mis amigos aplaudiéndome con sus rostros llenos de rabia y semi lágrimas ante lo que habían vivido después de tantos esfuerzos por mi bienestar. Hoy, por suerte, eso es una anécdota de mi pasado. Una anécdota que me enseñó de que siempre hay un punto de partida para resolver los problemas y el mío fue Salamanca y su particular San Silvestre.