Lo habÃa planeado para participar en aquella carrera y encontrarme con ella. Sé que dedicaba mucho tiempo a entrenar para ese momento, la San Silvestre Salmantina. Para ella era algo más que una simple prueba, era una forma de superarse, de sentirse viva, de amarse a sà misma. La vida la habÃa tratado muy mal y sentÃa que su dolor, su rabia y frustraciones iban resbalando por el camino a medida que avanzaba hacia la meta. Las suelas de sus zapatillas, atadas a su alma, iban lamiendo el asfalto, perdonando al pasado, que se iba disolviendo con cada latido de su corazón.
Me situé al final, junto al resto de corredores, y poco a poco fui cogiendo resuello hasta alcanzarla. Al verme, sus lágrimas se desbordaron como una lluvia temprana, fue a abrazarme.
—Aún no amor, coge mi mano y vayamos juntos hasta la meta, hoy comenzamos una nueva vida.