27 DE DICIEMBRE DE 2026

Se lo había prometido, en el mismo instante en el que le tocó debatirse entre el sufrimiento infinito y la calma eterna, le aseguré que lo haría por él y con él.
Juntos lograríamos cruzar la meta de su San Silvestre del alma, atravesaríamos el puente romano donde tantas veces vimos ponerse al sol sobre la catedral, recorreríamos la plaza mayor en la que despedimos el que creíamos el peor año de nuestra vida, y llegaríamos al paseo de San Antonio que había sido testigo de su esfuerzo y afán de superación a lo largo de los años.
Se lo había prometido… y aunque su cuerpo se había ido, su alma siempre volará conmigo.