Qué bien sienta hacer un poco de ejercicio y correr en la San Silvestre. Notas cómo tus piernas se endurecen, tu corazón respira y tus pulmones se oxigenan. El resto de participantes deben sentir lo mismo. Oh, veo a lo lejos que nos atacan hordas de zombies hambrientos. Maravilloso, mis piernas responden y los dejo atrás. Me da pena por aquellos que nunca hicieron ejercicio y se cansan enseguida. Esta carrera es trepidante y me siento más sano que nunca. Además, el público me vitorea, menos ese hombre que blande un hacha hacia mí. Pego un acelerón y pronto deja de seguirme; está claro que nunca se había levantado antes de su sofá. Genial, cada vez aguanto más corriendo y atisbo la línea de meta. Es entonces cuando aparecen los extraterrestres, que nos disparan con sus armas. Llego a meta sin un rasguño. ¡Estos aliens deben practicar sólo sillonbol!