27 DE DICIEMBRE DE 2026

Me acuchillaron el mismo treinta de diciembre de 1576 en que el Santo Oficio restituyó la cátedra a Fray Luis. Declamaban tal premática en el Corrillo cuando irrumpió servidor, corriendo con grande estrépito entre canastas de fruta y odres de vino. Huía, por añejos rencores, de unos sicarios del bando Maldonado y tomé veloz la Rúa de Francos, ensombrecida por los muros de la Nueva, que crecía hacia el cielo límpido y frío sobre un polvo dorado de laboriosos cinceles. Gústame creer que, en vísperas de San Silvestre, los salmantinos conmemoran mi sacrificio y trotan las calles con bullicio y feliz hermandad. Entonces, en carne espectral, recorro con ellos los rumbos de mi persecución furibunda y orillamos el Tormes, cruzamos la puente y retornamos a la ciudad, al abrigo de aplausos, iglesias y palacios, para subir sin resuello hacia Fonseca, donde me aguardaba aquel puñal de traidores ojos garzos.