El recorrido está marcado. La fecha se acerca. En mi estómago la emoción burbujea esperando el momento. Cuando llega el dÃa me lanzo a la carrera y, aunque bajo mis pies no hay asfalto, mis pasos son, si cabe, más firmes que nunca. Llego a la meta feliz, no he vacilado en ningún momento. He rodeado el palmeral, he recorrido la zona de césped que hay más abajo para continuar por la playa hasta llegar al montÃculo rocoso que marcaba el final. He sido el primero. Ventajas de ser el único poblador de esta isla y, aunque el escenario no ha sido el de otros años, el sentimiento ha sido el mismo.