Llego agotado. ¡Pero llegué! Demasiado bullicio. No conozco a nadie. Cansado, me siento en el suelo. Amablemente una chica me ofrece una botella de agua. SonrÃo también y la tomo.
-¿Qué hago aqu�
No sé ahora por qué estoy cansado…; solo un disparo. Empujan y empiezan a correr. Yo hago lo mismo, pero no recuerdo porqué. Hay personas que aplauden. Mucha gente. Me gusta. Cada vez corro y avanzo con más entusiasmo. Me encuentro bien. Pero sigo sin saber por qué lo hago. No importa. Chicos y chicas, jóvenes y menos jóvenes, están haciendo lo mismo. Adelanto algunos que van más despacio; me adelantan los que van más deprisa. No pienso correr, ni más ni menos.
-¿Te encuentras bien? –me dice la sonrisa que me ha dado el agua.
Vuelvo al mundo.
-¡Claro! – muchas gracias.
La mañana es frÃa en Salamanca, pero de encantadora luminosidad.