La lÃnea de salida queda lejos de quiénes se presentan por primera vez. De hecho, ni siquiera la puedo ver. A la altura de mis ojos solo hay muchas cabezas y dorsales por todas partes.
Me empiezo a encontrar mal… Me agobia la multitud… Hace frÃo… No se que hago aquÃ, ni siquiera la podré terminar… y hay tanta gente…
Saltaré por el museo, pasaré el puente de las vÃas y volveré por la Alamedilla hacÃa casa… SÃ, quiero irme.
-¡Eh! ¿A dónde vas? Es hacÃa el otro lado…
De repente un calor indescriptible me envolvió. Su mano en mi hombro tuvo parte de culpa, su sonrisa entre risas también, pero la protagonista era su mirada. Ese dÃa corrà como nunca.
Fue la primera vez que fui. También fue su última. Desde entonces vuelvo cada año y revivo su mirada, para que puede hacer su carrera una vez más.