Casi le pillan este año. Lo de escapar por la ventana se hacia cada vez más difÃcil. Con las zapatillas de correr en la mano y el dorsal entre los dientes se escabulló por las calles mirando el reloj con premura. La sangre y la emoción corriendo por sus venas, ahora se plasmarÃan los momentos robados al tiempo, los momentos en que estaba ante el camino, con solo el viento y el sol por compañeros.
La salida. Ajustándose la camiseta empezó a ver rostros conocidos, amigos muchos , casi hermanos otros, que entre saludos y abrazos preparaban sus mismas ilusiones, año tras año repetidas, mirando más allá de la linea, sabiendo que esta carrera era especial, distinta, única.
Treinta y cuatro años corriendo, ochenta años encima, ¿quién dijo que perderÃa la ilusión?. Mi vida empieza a cada zancada, y la meta es solo una etapa más.