Pistoletazo y los nervios se calman. Empiezo a correr y no miro ni el reloj. Antes me importaba la marca, el tiempo y el récord, pero desde que falleció Julián solo pienso en disfrutarlo, en volver a hacer todo aquello que nos gustaba hacer juntos. A David lo tengo detrás dándome ánimos, sabe que después del accidente todo esto lo hacemos porque estamos vivos. Siempre he llevado un ritmo mejor que él, pero está vez me deja ir a mi delante. Asà que aquà vamos, dando zancadas, una, otra y otra más. Por delante cuarenta kilómetros para pensar y que mi pierna izquierda aguante todo el peso. La derecha ya no me dolerá más.