Animada por otros éxitos, ya no me mordÃa las uñas y podÃa prescindir de la cafeÃna mañanera, me apunté a la carrera convencida de que este la terminarÃa. Tras los dos primeros kilómetros todo iba bien, pulso, ritmo, confianza. Entonces tropecé con sus ojos. Juro que intenté resistirme, pero en apenas tres mil metros, ya estábamos haciendo la lista de invitados a la boda, y eligiendo menús. Fue de cuento de hadas, el vestido a juego con las zapatillas, su pajarita con el dorsal… Sólidos en la carrera, apostamos por aumentar la familia, sin embargo, como los niños no llegaban, unas cuantas zancadas adelante, decidimos adoptar a una niña china. Y a China nos fuimos a diez kilómetros de la meta. Y en China seguiremos hasta que reabran las fronteras, cuando esté controlado este nuevo brote de coronavirus, ojalá que a tiempo de volver a intentarlo, el próximo año.