Vieron caer los pedazos del autobús, desperdigándose por toda la ladera. Los cristales volaban, clavándose algunos en los habitantes de la arboleda y otros yaciendo junto a los arbustos menores.
Todo el equipo falleció casi al instante. Todo el equipo menos Urtain, de nueve años.
Mientras se ataba las zapatillas recordaba aquel accidente y se repetÃa en una sucesión de fotogramas imaginarios como ganador de la carrera.
Al salir resbalo debido al rocÃo que estaba depositado sobre los adoquines, pero eso no le impidió tomar la delantera pasados unos metros. Doblo la primera curva y cuando se quiso dar cuenta ya cruzaba la lÃnea de meta en solitario.
Asomaron en perfecta cuenta una lagrima por cada uno de sus amigos no presentes ya entre los vivos.
A sus cincuenta años por fin habÃa logrado realizar la promesa incumplida. Por fin podÃa descansar, y volver a reunirse con ellos.