Sin poder siquiera entender el cómo ni el por qué, paró. Detuvo su galope de una forma incluso insana, pero consiguió lo que deseaba: su mente calló. Y ya tan solo se escuchaba el latido del corazón, que habÃa seguido la carrera sin ella. El aire entraba más frÃo que nunca.
Siempre habÃa corrido para pensar claramente; otros dicen que lo hacen para abstraerse, pero ella siempre se inclinó instintivamente hacia el otro lado de lo que los otros son. O dicen ser.
Y es que minutos antes habÃa conjurado leyes enteras del universo con un absurdismo que le daba miedo. “La sensación de cansancio fÃsico es opuesta a la del mental o emocional. Quizás el cuerpo, lo más terrenal que tenemos, se contente con no tener más pretensiones que lo ya hechoâ€. No querÃa oÃrlo. Ni habÃa llegado a advertir que podÃa alcanzar la meta estirando el brazo.