27 DE DICIEMBRE DE 2026

-No corras hija mía, -le había dicho su abuelo minutos antes con gesto sereno sentado frente al fuego.
-¡Pero abuelo!, ¿qué hago sino correr? -preguntó Amanda impertinente.
-Me refiero a que corras pero «sin correr». Miramé a mi, ¿tengo yo prisas por llegar algún lado?, y sin embargo, ¿no es también una «carrera de fondo» la que transito?…Vete despacio porque vas lejos.
Con mirada reflexiva Amanda se despidió. Recogió su dorsal con el número once y salió de casa.
Una nube difusa de alientos helados envolvía la meta. El griterío se fundía con el sudor incandescente del esfuerzo continuado.
-¡Corre Amandaa!, ¡vamoooss!, ¡tú puedeeesss!!! -gritaba el abuelo a escasos metros de la meta dejándose llevar por la euforia multitudinaria.
Sintió una leve caricia bajo el pecho mientras la cinta quedaba dividida y suspensa en el espacio aprobando la victoria…
«Esta vez, había llegado lejos».